jueves, 7 de junio de 2018

Mini 20: Vivir con la injusticia


“Apenas quedaban unos segundos para la conclusión del encuentro de fútbol con tablas momentáneas en el marcador. Era una final. Así la había preparado Enrique desde hacía más de quince días. Sus padres, sus abuelos, tíos y primos se hacían notar desde la grada con sus gritos y aliento de ánimo. Kike, como lo llamaban cariñosamente sus compañeros, era defensa derecho, pero un cambio magistral de banda le permitió adelantar su posición sin prácticamente oposición.
En un instante, recorrió los escasos metros que le separaban del borde área y, cuando entró en ella un único contrario flanqueaba su posición. Con la potencia de la carrera no tuvo excesivo problema en realizarle un quiebro para plantarse sólo delante del portero. Pero fue en ese instante cuando, sin verla venir, una pierna le derribó. Inmediatamente se dirigió al árbitro reclamando un penalti que el colegiado no apreció, indicando que se levantara con el gesto habitual reservado para estos casos. Kike, que no cabía en su propia indignación, corrió hacia el lugar equivocado, es decir, hacia el árbitro, sin percatarse que el equipo contrario era ahora el que contraatacaba a placer por su banda desangelada. La jugada acabó en gol y la final, de esta manera, quedó resuelta.”

Introducción
Los analfabetos emocionales experimentamos sudores fríos a la hora de asimilar el concepto de justicia. Realizamos una simplificación de la realidad entre lo que a nuestro entender es justo y lo que no. Y, cuando por algún motivo la realidad nos sorprende con una realidad “injusta”, tendemos a indignarnos con violencia o a sentirnos muy abatidos.
Esto ocurre así porque los pobres emocionales necesitamos un mundo predecible para mantener nuestras expectativas bajo control. Necesitamos creer que a los “buenos” les suceden cosas buenas, mientras a que los “malos” les ocurren cosas malas. Si no fuera así, simplemente significaría que el Mundo no tendría unas reglas claras, como sucede en la realidad, y tendríamos una gran sensación de inseguridad.
De esta manera, no es extraño que los Pobres Emocionales culpabilicemos de las desgracias a las propias víctimas para continuar creyendo que las “reglas” del Mundo continúan funcionando, protegiéndonos de la incertidumbre. Así, si un coche se sale en una curva tendemos a pensar que iba “como un loco”, o si alguien sufre un atraco de madrugada creemos que a nosotros “no se nos hubiera ocurrido andar sólos por ahí a esas horas”…
En cambio, los sabios emocionales, saben que el término justo es subjetivo en sí mismo, y que la vida, lejos de ser blanco o negro está enriquecida con una valiosa escala de grises. Lo que a unos les parece justo será injusto para otros y viceversa. Aún así, cuando existe un consenso amplio sobre un determinado asunto, los sabios emocionales saben que las circunstancias no siempre son justas, es decir, no actúan bajo la expectativa esperada. Sin embargo, en lugar de abatirse porque la realidad es como es, intentan adoptar la mejor estrategia posible dado que ha ocurrido esta u otra cosa. ¿Qué es lo mejor que puedo hacer yo ahora? en lugar de ¿por qué ha tenido que ocurrir esto? Es decir, llevan a cabo una estrategia adaptativa en lugar de paralizante.

Reflexión
Y tú…¿te indignas cuando sucede algo que consideras “injusto” o lo aceptas sin rechistar y construyes tu mejor alternativa? ¿qué resultados cosechas cuando adoptas una u otra estrategia?

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