jueves, 31 de mayo de 2018

Mini 19. Mismas acciones, mismos resultados.


“Juanito Silbato, viudo y natural de Entrepinares de la Sierra, en Guadalajara, acababa de cumplir ochenta y cinco años, aunque él hacía algún tiempo que había perdido la cuenta, y hasta se había olvidado del día de su cumpleaños. Aquel martes de Primavera, como cada tarde, empuñó su bastón, se colocó la boina que le había regalado su nieta y salió a pasear por el camino que llevaba hasta el pueblo. Al sobrepasar la finca de su vecino Eleuterio, se paró a saludar y también a descansar. La conversación transcurrió sin prisa, más o menos como de costumbre, aunque la enfatizaban como si fuera realmente novedosa.

-Este año viene seco-dijo Juanito
-Y ya van tres -respondió Eleuterio-
-Arruinará la cosecha.
-No podremos vivir de esto
Juanito continuó su marcha hasta el bar de la plaza y pidió un vino. Tomó un sorbo para a continuación quejarse amargamente de aquel líquido, a su entender imbebible, y alzando el vaso como para enfatizar, dirigió su ira hacia su vecino, amigo y también dueño del establecimiento, Tomás. Éste, como quien oye llover, ignoró las quejas que por repetitivas quizá no fueran ni más ni menos ciertas.
Al fin, después de tres o cuatro rondas a pesar de todo, Juanito se encaminó de nuevo a casa, no sin reparar en los muchachos del pueblo que tiraban piedras al río. Un día terminarán por hacerse daño o romper algo –pensó- pero continuó su camino como cada tarde, sin decir nada. Al llegar, directamente se metió en la cama y reparó en aquellas sábanas, viejas y descosidas, que arañaban su piel con más virulencia que la más salvaje de las fieras que puedas encontrar en la selva. Un día de éstos tendré que cambiarlas, musitó mientras apagaba la luz y se quedaba dormido.”

Introducción
Los analfabetos emocionales solemos victimizar sobre el pérfido acontecer de nuestro devenir desde una postura inmovilista, como meros espectadores de todo aquello que nos ocurre y nos rodea, creyendo posibilidades nulas de influir en nuestro futuro.
De esta manera, nos quejamos y nos quejamos de nuestra maldita rutina, el trabajo, la falta de tiempo o de dinero para darnos un ansiado capricho. Finalmente, terminamos culpando a la mala suerte, al político de turno, a los bancos o a la incompetencia de la agente de nuestra compañía de telefonía, a quien sea o a lo que sea, de nuestro fracaso para tomar las riendas de nuestra de vida.
En este contexto, es habitual que desde una postura inmovilista, sin hacer nada para cambiar las cosas, sin que nada cambie, esperemos que los resultados, como por arte de magia sí lo hagan. Un golpe de suerte que nos sonría para darnos aquello que anhelamos. Pero si lo pensamos fríamente, si nada cambia, lo más probable que es los resultados tampoco lo hagan.
Y es que, nos cuesta tremendamente analizar las situaciones, más aún que existe un problema. Pero lo que realmente nos cuesta, es admitir que somos corresponsables de ese problema. En un mundo complejo como el que vivimos, son muchos los factores que influyen en un determinado acontecimiento. Pero siempre podremos diferenciar aspectos sobre los que no tenemos el control y aspectos que nosotros podríamos cambiar para influir, aunque sea mínimamente para modificar los resultados. El problema es que a veces por comodidad, otras por miedo a salir de nuestra zona de confort, o simplemente por los réditos de compasión que nos ofrece adoptar una postura victimista, sólo nos fijamos en los primeros, en los que no podemos controlar, maldiciendo al mundo por ser como es, deliberadamente conspiratorio contra nosotros mismos y nuestros intereses.
Esta actitud es tremendamente peligrosa para nuestra salud mental, ya que con el tiempo terminamos creyéndonos inútiles para cambiar nuestro propia existencia, baja la autoestima y aumenta el sufrimiento. Esto no quiere decir que siempre podamos cambiar las cosas, todo lo contrario. Lo único que digo es que si un patrón de comportamiento externo se repite, podremos alterarlo con mayor probabilidad si realizamos un análisis de qué aspectos que dependan exclusivamente de nosotros podríamos cambiar.
Los sabios emocionales son conscientes de que una actitud inmovilista ante los mismas situaciones no modificarán los resultados.  Por eso, cuando esto ocurre no adoptan una actitud victimista ni se frustran, sino que la aceptan con naturalidad como mejor estrategia. Adicionalmente, realizan un análisis del problema, identifican qué aspectos no está en su mano modificarlos y cuales sí. Se concentran en estos últimos y se activan para poner en marcha una o varias estrategias de cambio. Se proponen objetivos que comparan con los resultados obtenidos para observar si sus estrategias funcionan o en cambio deben volver a modificarlas.

Reflexión
Y tú…¿te quejas de que siempre obtienes los mismos resultados? ¿cambias alguna acción para modificarlos? ¿qué beneficios encuentras en tu rutina inmovilista? ¿qué beneficios podrías encontrar si cambiases? ¿con cuáles te quedas?

Para saber más
En el siguiente enlace podrás encontrar un video muy ilustrativo sobre los que significa repetir un patrón de comportamiento para solucionar un mismo problema.

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