jueves, 29 de marzo de 2018

Mini 10. No cambies a los demás, cámbiate a ti mismo y el Mundo cambiará.


Sólo un día después de reencontrarse con su inseparable compañera de piso durante la universidad, Lucía, desde el orejero de su apartamento de alquiler en Londres, pensaba que tal vez no había sido una buena idea haber invitado a Verónica a pasar una temporada.
Sí, era cierto que Verónica conservaba aún después de los años la chispa contagiosa de la juventud. Y no es menos cierto que la noche anterior habían disfrutado de lo lindo, se habían reído, habían bailado y hasta se habían emborrachado. Verónica tenía la capacidad de rebuscar en lo hondo de su alma hasta destapar los sentimientos más escondidos y, en general, felices. Daba igual el tiempo que hubiera pasado, Verónica se las arreglaba con infinita naturalidad para esculpir cada momento en su compañía como una obra de arte.

Sin embargo, no es menos cierto que ambas tenían una alta dosis de incompatibilidad para la convivencia. Bueno, a decir verdad, en su opinión, Verónica era incompatible para vivir con cualquiera. Así las cosas, no sabía cómo en tan poco tiempo, había sido capaz de desparramar toda su ropa por el apartamento, dejando los platos del brunch desperdigados por el salón y hasta una taza de café en el cuarto de baño. Verónica siempre había sido así. Y ella lo sabía. Tantas y tantas discusiones durante el tiempo que compartieron piso, esfuerzo inútil, batalla perdida, conversaciones mudas, no sirvió para cambiar nada, y menos aún a Verónica, sino más bien para distanciarla. Y es que, si sólo pusiese un poco de su parte para ser como los demás, sería perfecta.
Desde el sillón, Lucía comenzó a escuchar su melodía favorita, preludio del repertorio que a ciencia sabía que vendría detrás. La música surgía desde la habitación, donde Verónica como tantas otras veces, utilizaba la suave sinfonía de su saxofón para disculparse con su mejor amiga.

Introducción
Los analfabetos emocionales a menudo pensamos que existe una única manera de comportarse, de ser y de convivir con los demás. Es nuestra forma de ver las cosas la correcta. Además, frecuentemente nos rodeamos de personas que piensan y actúan de la misma manera, reforzándonos aún más en nuestra creencia. Quien se sale del camino nos ofende, nos decepciona y nos defrauda. Utilizamos toda nuestra voluntad y esfuerzo a una buena causa, demostrar a los demás que están equivocados y “ayudarlos” a cambiar para que se comporten como a nosotros nos gustaría. Así, cuando escogemos pareja tenemos un prototipo en nuestra cabeza de cómo debería de ser y, si no cumple con alguno de los criterios, nos empeñamos afanosamente en “limarlo”. Nos ocupamos en moldear a nuestros hijos según nuestro sistema de valores en lugar de potenciar que escojan libremente el suyo. O quizá intentamos que nuestros amigos sean aburridamente exactamente igual que nosotros, por si alguna diferencia nos pudiese molestar. No sé, tal vez el amigo Felipe tenga la fea costumbre de llegar siempre tarde y eso es, a todas luces intolerable.
Pero lo cierto es que los sabios emocionales, apenas gastan esfuerzo en cambiar a nadie excepto a sí mismos, si creen que así recuperarán su paz interior. La pretensión de cambiar a los demás, de exigirle que se adapte a nuestras pretensiones y expectativas, además de prepotente e infantil, es generadora de grandes dosis de sufrimiento y estrés para quien la aborda. Las personas son como son y esa es una buena razón para que sean así.
En cambio, los sabios emocionales, utilizan su fuerza interior para reconocer con humildad que existen muchas cosas que nos desagradan de los demás, y que éstas tienen más que ver con nuestro sistema de creencias y nuestra interpretación de la realidad que con los demás en sí. Por eso, cuando entendemos esto, podemos disfrutar de las virtudes de los demás y aceptar su puntos de incompatibilidad. Cuando yo cambio, todo cambia.

Reflexión
Y tú…¿crees que los demás deberían de adaptarse a nuestras pretensiones sin están socialmente extendidas? ¿aceptas incondicionalmente a los demás o intentas cambiarlos?

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