jueves, 8 de febrero de 2018

Mini 5. Apoya tu vida sobre varios pilares

Fragmento

“Juan abrió la puerta de su apartamento de la planta número quince, en pleno corazón financiero de Madrid. A pesar de que Sol de mediodía iluminaba el cielo azul de la capital, su casa y su vida estaban en penumbra, entre tinieblas. Aquel 12 de Mayo, el día en que lo despidieron a sus cincuenta y cinco años porque algo había que hacer para cambiar las tendencia de las ventas, no fue distinto. Muy despacio, todavía incrédulo con la noticia y con la vida que le había jugado aquella mala pasada, se sentó en el sofá de diseño beige y se quedó así, inmóvil el resto de la mañana, la tarde, la noche y quién sabe si el resto de sus días. Allí sentado, se sorprendió con el recuerdo de su mujer. Le invadió un sensación de nostalgia, de vacío, de soledad y hasta de amargura que no experimentaba desde hacía mucho tiempo, ni siquiera diez años atrás, cuando ella le notificó la petición de divorcio por escrito, y lo abandonó cansada de cansarse de esperarlo. 

Su trabajo lo había sido todo, lo único. Si casualmente le sobraba algo de tiempo, lo esparcía como migajas entre su familia y algún que otro pequeño acto social donde de vez en cuando se encontraba con algún amigo al que ya prácticamente ni reconocía. Pasaron por su cabeza sus hijos, aquellos perfectos desconocidos a los que veía una vez al mes, cuando disponía la agenda que gestionaba su secretaria y, aunque la cita nunca era cancelada, sí se movía habitualmente de día, una y otra vez para ajustarla a sus compromisos profesionales. El encuentro era un ritual frío, donde él leía el periódico y sólo levantaba la cabeza de vez en cuando para dar algún consejo frío a sus hijos, con voz metálica, desde muy lejos, como si se tratase de sus propios subordinados, que lo escuchaban distantes y, probablemente, como quien oye llover. Allí ahora en su piso, se pasearon tantas cosas por su cabeza, que de un golpe helado entendió lo que la vida día tras día puso delante de sus narices, pero no fue capaz de entender.”

Introducción
Los analfabetos emocionales, frecuentemente dirigimos nuestra vida más bien por las preferencias sociales, sin cuestionarlas o refutarlas según nuestros sistema de valores. Nos dejamos llevar, realizamos aquello que la “Sociedad nos dicta que está bien”. De esta manera, muchas veces nos enganchamos “a una rueda” que constituye nuestro verdadero pilar en la vida: el trabajo, una relación, el cuidado de nuestros hijos, llevar una vida saludable, … Todas estas prioridades son lícitas, sanas y potencialmente fuente de grandes satisfacciones, alegría y felicidad si son sinceras y están alineadas con nuestras verdaderas preferencias. El problema se produce cuando el taburete de nuestra vida lo sostenemos con un único pilar porque, la realidad no controlable, puede volverse en nuestra contra y, si el pilar se rompe, el taburete se cae y nos pone patas arriba.
Una vida saludable implica disponer de varios pilares que sustenten nuestra vida, cualesquiera que éstos sean y, siempre que estén en un nivel de priorización equilibrado, construyendo verdaderos retos de desarrollo en cada una de las áreas. Cuando nos ponemos a la tarea de equilibrar, podemos caer en el error de sumar a nuestro planteamiento de vida actual nuevos proyectos, de manera que a la ya estresante jornada de nuestro pilar principal le añadimos ahora nuevos retos, que no provocarán más que un estado ansioso que no podemos abarcar. Se trata de equilibrar, de lograr un desarrollo razonablemente bueno (no perfecto) en las tres o cuatro áreas prioritarias que hemos marcado para nuestra vida. En general, la dificultad consiste en relajar nuestra prioridad principal, nuestra adicción, para dar cabida a otras área de interés y desarrollo.
Por otra parte, en algunos casos, los pobres emocionales creemos llevar una vida equilibrada cuando por ejemplo priorizamos inconscientemente un pilar en nuestra vida, pongamos el trabajo y, de manera jerarquizada, distribuimos el tiempo que nos sobra a otra tareas, las migajas, pero que están sometidas. Así el fin de semana (si el trabajo lo permite)  abrumamos de planes a nuestra familia o, el tiempo del almuerzo (si el trabajo lo permite) lo dedicamos a ir al gimnasio. Esto no es un plan equilibrado, sino sometido a un pilar principal. Equilibrar indica una reflexión sobre cada una de las áreas de desarrollo, unos objetivos, un plan para acometerlo y, el firme propósito de repartir y garantizar tiempo de manera racional para cada una de ellas.
Las personas que sostienen su vida en un único pilar debemos de aprender a cuestionar las creencias limitantes que se esconden tras ella y reconstruirla por otras más racionales para descubrir cuáles son nuestra verdaderas áreas de interés en la vida y, por último trazar un plan de equilibrado para ir acometiendo cada una de ellas.

Reflexión
Y tú…¿en cuántos pilares sustentas tu vida? ¿están equilibrados o alguno de ellos está sometido a los otros? ¿qué creencias limitantes se esconden detrás de tu pilar principal? ¿eres capaz de cuestionar tu creencia? ¿cómo podrías diseñar un plan de vida más equilibrado y relajado donde ningún pilar sometiese a los demás?

Para Saber más

Son numerosos los manuales de desarrollo personal que abordan este tema, por citar alguno me referiré a Susan Jeffers en su capítulo “Hasta qué punto es todo `toda su vida´” del libro “Aunque tenga miedo, hágalo”, pero la esencia, profundizar en este tema pasa más por definir en nuestras propias prioridades y a partir de ahí convertirnos en verdaderos expertos en nuestras áreas de desarrollo mediante la investigación. En pleno siglo xxi, Internet permite la universalidad del conocimiento.

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